6 breves reflexiones para entender mejor mis emociones

emociones
0Shares

Las emociones juegan un papel importante en nuestras vidas, ya que están presentes en todo momento. Retana-Franco & Sánchez-Aragón (2010), citando a Balter&Tamis-LeMonda (2006), argumentan que las emociones son respuestas adaptativas con funciones motivacionales y organizativas que ayudan a los individuos a la consecución de sus objetivos.

Para mí las emociones dan cuenta de la manera en la que las personas reflejan sus sentimientos y en este sentido, su manejo, puede o no ser una herramienta para enfrentar diversas situaciones (por ejemplo, nos ayudan a adaptarnos a los cambios en nuestras vidas). Retana-Franco & Sánchez-Aragón (2010), citando a Thompson (1994) define  la regulación emocional como procesos intrínsecos y extrínsecos responsables de evaluar y modificar las reacciones emocionales, especialmente sus características de intensidad y tiempo, con la finalidad de atender determinados objetivos.

Hay momentos en la vida que podemos llegar a sentirnos como en una montaña rusa de emociones y esta sensación no siempre es agradable, pues implica inestabilidad emocional, lo que conlleva incluso a un desgaste físico. Por lo que hablar de emociones no es un tema sencillo, sin embargo, reflexionar acerca del cómo nos sentimos nos permite conocernos y entendernos.

Primeramente, debemos reconocer la relación de lo emocional con lo social. Según Lazarus (1991) citado por (Varas Díaz & Serrano-García, 2002) entender las emociones requería de un análisis multidimensional ya que éstas se traducen en conceptos psico-socio-biológicos únicos que expresan el significado individual de lo que ocurre en los alrededores de las personas. Es decir, los significados cobran vital importancia dado que son los referentes de cada persona. Lo que significa éxito para mí, no necesariamente, significa lo mismo para ti.

Varas Díaz & Serrano-García (2002) citando a Gerger (1994) planteaba la importancia del contexto histórico haciendo referencia a que conceptos como ansiedad, bournout y estrés no tenían significado hace un siglo, y hoy forman parte de los discursos de las personas. Así también, desde nuestro contexto socio-cultural-histórico la mayoría de nosotros (mexicanos), crecimos bajo un contexto de represión emocional y de significados estereotipados, por ejemplo, cuántas veces no escuchaste frases como: “no llores”, “no te enojes”, “llorar es de niñas”, “calladita te ves más bonita”, “el que se enoja pierde”, etc.; discursos cargados de imposición que obligaban a la represión; así nos enseñaron a callar, a no enojarnos, a no llorar, etc.; por lo que hoy en la adultez, seguro en ocasiones, cuesta trabajo expresar  algunas emociones.

Segundo, nos hicieron creer que hay emociones positivas y negativas. Siendo que la realidad es que todas las emociones cumplen una función, sirven para algo. Por ejemplo, el enojo ayuda a poner límites, favorece el autocuidado, si yo no soy capaz de enojarme, cualquiera podría pasar sobre mí y hacerme daño, entonces ¿por qué no habríamos de enojarnos? Y en este sentido, quisiera aclarar que el enojo es muy diferente a la agresión. El enojo es una emoción; la agresión es una acción que busca lastimar al otro. Por lo tanto, la manera en la que manejo mi emoción me puede acercar o no, a un bienestar personal.

Tercero, hay muchas emociones, Gerger (1994) estableció que entender las emociones es un proceso complejo, “no es realista establecer cuántas emociones existen ni cómo se experimentan”, esto hace referencia a la existencia de tantas emociones como peces en el mar y en ocasiones, todo lo queremos reducir a la tristeza, el enojo y la alegría. En la medida en la que nosotros podamos identificar cómo nos sentimos, seremos capaces de comunicarnos de manera más asertiva. Por ejemplo, no es lo mismo que yo diga, “estoy enojada porque haces cosas que no me gustan” a “me siento desilusionada porque hiciste algo sabiendo que yo no estaba de acuerdo, faltaste un acuerdo y eso me hace sentir también defraudada”. En efecto también puedo sentirme enojada, si yo identifico otras emociones además del enojo, será más fácil que el otro entienda cómo me siento.

Cuarto, comunicar nuestras emociones puede ser complicado porque no siempre el otro está en la disposición de escuchar empáticamente, o al menos con la suficiente atención, para llegar a acuerdos. Generalmente escuchamos para responder, más no para comprender o respondemos porque escuchamos, más no porque comprendimos lo suficiente. Recordemos que no es una lucha de poder, buscamos llegar a acuerdos mediante el diálogo y hay que estar dispuestos a ello.

Quinto, no siempre el otro reaccionara cómo yo espero que reaccione, pero lo importante es que cada uno se haga responsable de sus emociones y la expresión de éstas, lo demás ya no depende de nosotros. Así que tener en cuenta nuestras expectativas permite anticipar cómo espero que el otro reaccione y por tanto a tomar conciencia de que es mi expectativa, y que el otro puede o no cumplirla, y es válido.

Sexto, comprender que no todos se emocionan de la misma manera que yo, permitirá reconocer que todos sentimos y reaccionamos de diferente manera. No porque el otro no se emocione de la forma en que yo lo hago significa que no está sintiendo. Por ejemplo: en un velorio, muere el padre, deja 2 hijos uno llora desconsoladamente y al otro se le nota tranquilo, pareciera que el que llora desconsoladamente es el más dolido, y eso es un juicio que hacemos comúnmente a partir de lo que creemos, la realidad es que la ausencia de llanto no significa falta de dolor.

Con lo anteriormente expuesto, refiero la complejidad de las emociones, ya que hay muchos factores a tomar en cuenta y muchas veces, se salen de nuestro control o es difícil regularlas. Por lo tanto, para un mejor manejo emocional será necesario no reprimir las emociones, sino identificarlas, aceptarlas y trabajarlas con un psicoterapeuta profesional. El manejo emocional implica trabajo interno constante y un mayor autoconocimiento, las que me brindarán herramientas personales e interpersonales para identificar lo que siento, asertividad para la expresión de mis emociones, ser consciente de lo que siento evitando negar, minimizar o evadir, sino aceptar sin juzgar.


Bibliografía

Retana-Franco, B. E., & Sánchez-Aragón, R. (2010). Rastreando en el pasado…formas de regular la felicidad la tristeza, el amor, el enojo y el miedo. Universitas Psychologica, 179-197.

Varas Díaz, N., & Serrano-García, I. (2002). Las emociones como fenómenos biológicos, cognoscitivos y sociales . Revista puertorriqueña de Psicología, 9-28.

0Shares

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *