La masturbación y la salud mental: qué dice la psicología

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La masturbación es una de las conductas sexuales más comunes en la experiencia humana y, sin embargo, sigue rodeada de mitos que generan culpa y confusión innecesarias. La psicología contemporánea aborda la masturbación como una conducta normal del repertorio sexual humano, no como un problema en sí misma. Cervilla et al. (2024), en una revisión sistemática publicada en Healthcare, analizaron la relación entre la masturbación solitaria y la satisfacción sexual, y encontraron que esta práctica se asocia con diferentes dimensiones del funcionamiento sexual sin constituir inherentemente un indicador de disfunción. Lo que determina si la masturbación es saludable o problemática no es la conducta en sí, sino el contexto emocional en el que ocurre, la relación que la persona tiene con ella y si genera malestar significativo. Este artículo explora qué dice la evidencia científica actual sobre la masturbación y la salud mental, cuándo es una práctica saludable y cuándo puede merecer atención profesional.

Qué dice la evidencia sobre masturbación y bienestar psicológico

La investigación científica ha abordado la relación entre masturbación y salud mental desde múltiples perspectivas, y los hallazgos indican que se trata de una conducta normal que puede tener efectos positivos, neutros o negativos dependiendo del contexto individual. Phuah et al. (2023), en un estudio publicado en Sexuality and Culture, encontraron que la masturbación entre adultos jóvenes se asociaba con resultados de bienestar sexual y psicológico que variaban según factores como las actitudes hacia la práctica y el contexto cultural.

Wehrli et al. (2024), en un estudio publicado en el International Journal of Sexual Health, exploraron el papel de la masturbación como estrategia de afrontamiento en mujeres y encontraron que puede funcionar como un mecanismo de regulación emocional ante el estrés psicológico. Estos hallazgos sugieren que la masturbación no solo cumple una función sexual, sino que puede formar parte de las estrategias que las personas utilizan para manejar estados emocionales difíciles. Esto no significa que la masturbación sea una prescripción terapéutica, sino que su presencia en el repertorio de conductas de una persona no es inherentemente problemática y puede cumplir funciones adaptativas en determinados contextos.

Es importante destacar que la evidencia no respalda los mitos que asocian la masturbación con deterioro cognitivo, pérdida de energía, problemas de fertilidad o enfermedades mentales. Estas creencias, arraigadas en tradiciones morales y religiosas más que en ciencia, han generado sufrimiento innecesario durante siglos y continúan afectando a personas que experimentan culpa o vergüenza por una conducta que la comunidad científica considera dentro del espectro normal de la sexualidad humana.

Sin embargo, la evidencia tampoco presenta la masturbación como universalmente beneficiosa. Sus efectos en el bienestar dependen del contexto personal, incluyendo las creencias de la persona, su relación con su sexualidad y las condiciones emocionales desde las que se practica. Una misma conducta puede ser fuente de placer y regulación emocional para una persona y fuente de culpa y malestar para otra, dependiendo de factores como las creencias religiosas o culturales, la educación sexual recibida, las experiencias previas y la presencia de conflictos no resueltos con la propia sexualidad.

Cuándo la masturbación es una práctica saludable

La masturbación es saludable cuando se practica como parte de una relación positiva con el propio cuerpo y la propia sexualidad. Cuando una persona se masturba por placer, curiosidad, regulación emocional o exploración personal y no experimenta malestar significativo asociado con la práctica, se trata de una conducta que no requiere intervención ni genera preocupación clínica.

Wehrli et al. (2024) encontraron que la masturbación puede funcionar como una estrategia de afrontamiento legítima frente al estrés, lo que sugiere que su papel en el bienestar va más allá del placer físico. La capacidad de conectar con el propio cuerpo, de experimentar placer sin depender de otra persona y de usar el autoerotismo como herramienta de regulación emocional son aspectos que pueden contribuir positivamente a la salud mental cuando se integran de manera equilibrada en la vida de la persona.

En el contexto de las relaciones de pareja, Cervilla et al. (2024) encontraron que la relación entre masturbación solitaria y satisfacción sexual es compleja y no necesariamente negativa. La masturbación no reemplaza ni compite con la sexualidad compartida; puede coexistir con una vida sexual de pareja satisfactoria y cumplir funciones diferentes. La comunicación abierta sobre la masturbación dentro de la pareja puede incluso fortalecer la intimidad al permitir que ambas personas expresen sus necesidades sexuales con mayor libertad y honestidad.

Los indicadores de que la masturbación es saludable incluyen que la persona la practica con libertad y sin culpa excesiva, que no interfiere con sus responsabilidades cotidianas ni con sus relaciones significativas, y que forma parte de una relación general positiva con su sexualidad. La frecuencia en sí misma no es un indicador de problema: lo relevante es la relación subjetiva que la persona tiene con la conducta y si esta genera bienestar o malestar. No existe un número específico de veces por semana o por mes que defina cuándo la masturbación es excesiva; la evaluación siempre debe considerar el contexto individual, las emociones asociadas y el impacto en el funcionamiento general de la persona.

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Cuándo la masturbación puede indicar un patrón problemático

Aunque la masturbación es generalmente una conducta saludable, existen circunstancias en las que puede formar parte de un patrón que merece atención. Huang et al. (2023), en un estudio publicado en Archives of Sexual Behavior, encontraron que la discrepancia entre la frecuencia real y la frecuencia deseada de masturbación se asociaba con malestar sexual. Esto sugiere que el problema no es la frecuencia en sí misma, sino la percepción de falta de control o la incongruencia entre la conducta real y las expectativas de la persona.

La masturbación puede ser problemática cuando se utiliza como única estrategia de afrontamiento emocional, desplazando otras formas de regulación más diversas y sostenibles. Si una persona recurre compulsivamente a la masturbación cada vez que experimenta ansiedad, tristeza, aburrimiento o estrés y no dispone de otras herramientas para manejar esas emociones, el patrón puede reflejar una dificultad en la regulación emocional que se beneficiaría de exploración profesional.

Es importante distinguir entre el uso ocasional de la masturbación para aliviar tensión emocional, que es común y generalmente inofensivo, y un patrón rígido donde la persona siente que no tiene otra opción disponible para manejar sus emociones. La diferencia radica en la flexibilidad: una relación saludable con la masturbación permite elegir cuándo y cómo practicarla, mientras que un patrón compulsivo se experimenta como una necesidad urgente difícil de postergar.

Otro indicador de que la masturbación puede requerir atención es cuando genera malestar significativo de manera persistente. Si la persona experimenta culpa intensa, vergüenza crónica o angustia después de masturbarse, es importante explorar si ese malestar proviene de la conducta en sí o de creencias internalizadas sobre la sexualidad. Huang et al. (2023) señalaron la importancia de distinguir entre malestar genuino relacionado con la falta de control y malestar derivado de incongruencia moral, es decir, el conflicto entre la conducta y las creencias personales o culturales sobre lo que es aceptable sexualmente.

La masturbación también puede ser señal de alerta cuando interfiere de manera consistente con las actividades cotidianas, las relaciones interpersonales o la vida laboral. Si una persona dedica tiempo significativo a masturbarse de forma que descuida responsabilidades importantes o si la práctica se ha convertido en un patrón que se siente fuera de control, explorar esto con un profesional puede ayudar a entender qué función está cumpliendo la conducta y qué necesidades emocionales pueden estar detrás.

Cómo construir una relación saludable con la masturbación

Desarrollar una relación saludable con la masturbación implica integrarla como una parte más de la sexualidad personal sin otorgarle un peso desproporcionado, ya sea por exceso de importancia o por evitación basada en culpa. La educación sexual basada en evidencia es fundamental para desmontar mitos que generan sufrimiento innecesario y para normalizar una conducta que la ciencia considera parte del repertorio sexual humano normal.

Hablar sobre la masturbación de manera abierta y sin vergüenza, ya sea con la pareja, con amigos de confianza o con un profesional, puede reducir significativamente la carga emocional negativa asociada con esta conducta. El silencio y el secreto tienden a amplificar la culpa, mientras que la comunicación normaliza la experiencia y permite abordarla con mayor perspectiva.

La autoobservación sin juicio puede ayudar a identificar desde qué lugar emocional se practica la masturbación. Hay una diferencia entre masturbarse como expresión de deseo y placer y hacerlo como escape de emociones que la persona no sabe manejar de otra forma. Ambas situaciones pueden coexistir, y reconocer cuándo la masturbación cumple una función de regulación emocional puede ser el primer paso para diversificar las estrategias de afrontamiento disponibles.

Si la masturbación genera malestar persistente, si sientes que la práctica está fuera de tu control, o si las creencias sobre la sexualidad te generan culpa que afecta tu bienestar, un profesional puede ayudarte a explorar estas experiencias en un espacio seguro y sin juicios. En Terapify puedes encontrar psicólogos especializados en sexualidad que te acompañen en este proceso.

Preguntas frecuentes

Referencias

  • Cervilla, O., Álvarez-Muelas, A., & Sierra, J. C. (2024). Relationship between solitary masturbation and sexual satisfaction: A systematic review. Healthcare, 12(2), 235. https://doi.org/10.3390/healthcare12020235

  • Huang, S., Nyman, T. J., Jern, P., & Santtila, P. (2023). Actual and desired masturbation frequency, sexual distress, and their correlates. Archives of Sexual Behavior, 52(7), 3155-3170. https://doi.org/10.1007/s10508-023-02641-3

  • Phuah, L. A., Teng, J. H. J., & Goh, P. H. (2023). Masturbation among Malaysian young adults: Associated sexual and psychological well-being outcomes. Sexuality and Culture, 27, 1-21. https://doi.org/10.1007/s12119-023-10101-2

  • Wehrli, F. S. V., Bodenmann, G. J., Clemen, J., & Weitkamp, K. (2024). Exploring the role of masturbation as a coping strategy in women. International Journal of Sexual Health, 36(3), 237-256. https://doi.org/10.1080/19317611.2024.2344812

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