Personas que se hacen las víctimas: qué hay detrás de este patrón

Terapify - Psicólogos en Línea//Actualizado: /7 min de lectura
Persona reflexionando sobre patrones de victimización en relaciones interpersonales
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Todos conocemos a alguien que parece estar siempre en el centro de una injusticia. Cada conflicto confirma que el mundo está en su contra, cada desacuerdo es una agresión y cualquier señalamiento se convierte en una prueba más de que no se le valora. Este patrón, cuando es persistente y se repite a través de distintas relaciones, ha sido estudiado por la psicología como un rasgo de personalidad medible. Gabay, Hameiri, Rubel-Lifschitz y Nadler (2020), en una investigación publicada en Personality and Individual Differences, definieron la tendencia a la victimización interpersonal como un sentimiento estable de ser víctima a través de diferentes tipos de relaciones, y encontraron que este rasgo tiene consecuencias específicas sobre cómo las personas sienten, piensan y se comportan en situaciones que perciben como dañinas. Comprender este patrón desde la evidencia permite responder con más claridad tanto si lo reconoces en alguien de tu entorno como si identificas algunos de estos elementos en ti.

Qué es la tendencia a la victimización interpersonal

La tendencia a la victimización interpersonal no se refiere a personas que han sido víctimas reales de abuso, violencia o injusticia. Se refiere a un patrón estable de personalidad en el que la persona se percibe consistentemente como víctima en sus relaciones cotidianas, independientemente de las circunstancias objetivas. Esta distinción es fundamental porque confundirlas puede llevar a invalidar experiencias legítimas de sufrimiento o a normalizar un patrón que genera daño relacional.

Gabay et al. (2020) identificaron cuatro dimensiones que componen este rasgo. La primera es la necesidad de reconocimiento: la persona necesita que los demás validen su sufrimiento y reconozcan que ha sido tratada injustamente. La segunda es el elitismo moral: la creencia de que uno es moralmente superior a quienes le han ofendido, lo que justifica cualquier reacción y dificulta la autocrítica. La tercera es la rumia: un patrón de pensamiento repetitivo centrado en las ofensas recibidas, sus causas y consecuencias, en lugar de buscar soluciones. La cuarta es la falta de empatía: una capacidad reducida para reconocer el sufrimiento o la perspectiva de los demás, lo que convierte las interacciones en dinámicas unilaterales donde solo el propio dolor cuenta.

Estas cuatro dimensiones funcionan de manera integrada. La persona con alta tendencia a la victimización no solo se siente herida con frecuencia, sino que necesita que otros lo confirmen, se considera moralmente justificada en su malestar, revive mentalmente las ofensas de forma constante y tiene dificultad para considerar que la otra persona también pueda tener una perspectiva válida.

Cómo afecta este patrón las relaciones

Las consecuencias relacionales de la tendencia a la victimización interpersonal están documentadas en la investigación y ayudan a entender por qué las relaciones con personas que muestran este patrón resultan tan desgastantes.

Gabay et al. (2020) encontraron que las personas con alta tendencia a la victimización son menos propensas a perdonar después de una ofensa, expresan mayor deseo de venganza y se comportan de manera vengativa con más frecuencia. Este hallazgo es particularmente relevante porque el perdón y la capacidad de reparación son pilares de cualquier relación duradera. Cuando una persona interpreta cada conflicto como una agresión intencional y responde con represalias en lugar de diálogo, la relación entra en un ciclo de escalada que resulta difícil de interrumpir.

Otro efecto documentado es la tendencia a percibir intencionalidad y daño donde no los hay. Las personas con este rasgo interpretan conductas ambiguas como deliberadamente dañinas, lo que genera conflictos a partir de situaciones que la mayoría de las personas procesaría sin mayor dificultad. Un comentario neutral puede convertirse en un insulto, un olvido en un desprecio, y una diferencia de opinión en un ataque personal. Esta hipersensibilidad a la ofensa no solo afecta a la persona que la experimenta, sino que coloca a su entorno en una posición de vigilancia constante, donde cualquier palabra o gesto puede desencadenar una crisis.

La comunicación también se ve afectada. Las conversaciones con personas que muestran este patrón tienden a centrarse en sus quejas y agravios, dejando poco espacio para las necesidades o experiencias del otro. Esto genera un desequilibrio relacional donde una persona absorbe la mayor parte de la atención emocional, y la otra se siente invisible o agotada. Con el tiempo, este desequilibrio puede llevar al distanciamiento, la evitación o la ruptura del vínculo.

Bedard, MacIsaac, Visser y Mushquash (2025), en un estudio publicado en Personality and Individual Differences, encontraron que la tendencia a la victimización interpersonal media la relación entre el narcisismo vulnerable y la señalización de victimismo. Esto significa que los rasgos narcisistas pueden generar primero un sentido interno de ser víctima, que luego se comunica al exterior como una estrategia para obtener atención, simpatía o control en las relaciones. Este hallazgo conecta la victimización crónica con patrones de personalidad más amplios y sugiere que detrás de la queja constante puede haber una fragilidad del yo que necesita atención profesional.

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Por qué algunas personas desarrollan este patrón

La tendencia a la victimización interpersonal no surge de la nada. La investigación sugiere que tiene raíces en las experiencias tempranas de relación y en los patrones de apego desarrollados durante la infancia.

Gabay et al. (2020) proponen que este rasgo está profundamente enraizado en las relaciones con los cuidadores primarios. Cuando un niño experimenta de forma consistente que sus necesidades emocionales no son reconocidas, o que la única forma de obtener atención es a través del sufrimiento, puede desarrollar un esquema relacional donde la posición de víctima se convierte en la estrategia principal para obtener cuidado y validación. Este esquema, una vez establecido, tiende a replicarse en las relaciones adultas de forma automática.

El locus de control externo es otro factor relevante. Las personas con tendencia a la victimización suelen percibir que su vida está determinada por fuerzas externas —otras personas, la suerte, el destino— y no por sus propias decisiones. Esta percepción reduce el sentido de agencia personal y refuerza la narrativa de que las cosas malas siempre les suceden a ellas, no como consecuencia de dinámicas en las que participan, sino como producto de un entorno hostil sobre el que no tienen control.

La rumia juega un papel mantenedor crucial. Al revivir constantemente las ofensas percibidas, la persona fortalece la narrativa de victimización y reduce la probabilidad de encontrar soluciones o perspectivas alternativas. Cada repaso mental del agravio confirma la interpretación inicial y dificulta el procesamiento adaptativo que permitiría avanzar. Este ciclo se autoalimenta: la rumia genera más malestar, que se interpreta como evidencia adicional de victimización, lo que a su vez alimenta más rumia.

Cómo responder ante este patrón en tu entorno

Si identificas este patrón en alguien cercano, es importante encontrar un equilibrio entre la empatía y la protección de tu propio bienestar. No se trata de invalidar el sufrimiento de la otra persona, sino de no permitir que la dinámica de victimización controle la relación.

Validar la emoción sin confirmar la narrativa es una estrategia útil. Puedes reconocer que la persona se siente herida sin necesariamente aceptar que la situación fue tan injusta como la presenta. Frases como "entiendo que esto te afectó" son diferentes de "tienes razón, te trataron muy mal". La primera reconoce el sentimiento; la segunda refuerza la interpretación victimista sin cuestionarla.

Establecer límites sobre la cantidad de tiempo y energía que dedicas a las quejas recurrentes también es necesario. Si cada conversación se convierte en un recuento de agravios sin movimiento hacia la solución, es legítimo señalarlo con amabilidad pero con claridad. Preguntar "¿qué te gustaría hacer al respecto?" puede redirigir la conversación hacia la agencia y la solución en lugar de la queja repetitiva.

Cuidar tu propio bienestar emocional es fundamental. Las relaciones con personas que presentan este patrón pueden generar culpa, agotamiento y la sensación de que nunca es suficiente lo que haces. Reconocer estos efectos en ti no es egoísmo; es una condición necesaria para mantener la relación sin sacrificar tu salud mental.

Cuándo este patrón necesita atención profesional

Si reconoces la tendencia a la victimización en ti mismo, esto no significa que seas una mala persona ni que tu sufrimiento no sea real. Significa que un patrón aprendido puede estar distorsionando cómo interpretas tus relaciones y limitando tu capacidad de construir vínculos satisfactorios.

Algunas señales de que este patrón podría beneficiarse de acompañamiento profesional incluyen la percepción constante de que los demás te tratan injustamente, la dificultad para perdonar incluso ofensas menores, la tendencia a revivir mentalmente conflictos pasados durante semanas o meses, la sensación de que nadie te entiende o valora lo suficiente, y la dificultad para reconocer tu propia contribución a los problemas relacionales.

Fontanesi et al. (2025), en la validación italiana de la escala de tendencia a la victimización interpersonal, confirmaron que este rasgo se asocia significativamente con la rumia depresiva y la rumia de ira, lo que indica que el patrón de victimización no solo afecta las relaciones sino también el bienestar emocional individual. Esto refuerza la importancia de abordarlo terapéuticamente.

La terapia cognitivo-conductual puede ayudar a identificar los pensamientos automáticos que activan la interpretación victimista, a desarrollar un locus de control más interno y a practicar respuestas más flexibles ante los conflictos interpersonales. En Terapify puedes encontrar profesionales especializados en patrones de personalidad y relaciones interpersonales que trabajan con enfoques basados en evidencia para ayudarte a construir relaciones más equilibradas y un sentido de agencia más sólido.

Preguntas frecuentes

Referencias

  • Bedard, T., MacIsaac, A., Visser, B., & Mushquash, A. R. (2025). Linking the tendency for interpersonal victimhood, victim signaling, and narcissism: The need to be seen as a victim. Personality and Individual Differences, 240, 113597. https://doi.org/10.1016/j.paid.2025.113597
  • Fontanesi, L., Verrocchio, M. C., Cosi, G., Ceravolo, F., & Marchetti, D. (2025). Psychometric properties of the Italian version of the Tendency for Interpersonal Victimhood. Acta Psychologica, 254, 105320. https://doi.org/10.1016/j.actpsy.2025.105320
  • Gabay, R., Hameiri, B., Rubel-Lifschitz, T., & Nadler, A. (2020). The tendency for interpersonal victimhood: The personality construct and its consequences. Personality and Individual Differences, 165, 110134. https://doi.org/10.1016/j.paid.2020.110134
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