Todos en algún momento de nuestras vidas experimentaremos un duelo, sea este por la pérdida de un ser querido, una mascota o alguna circunstancia u oportunidad que era importante y se fue. El duelo es un proceso complejo ya que involucra una serie de sentimientos como tristeza, ira, culpa, confusión y más.
El tiempo para adaptarse a una pérdida significativa puede variar drásticamente de una persona a otra. Usualmente, depende de las características propias de la persona, la relación que se tenía con lo que se perdió, el contexto, entre otras variables.
La terapia para el duelo tiene como objetivo ayudar y acompañar el procesamiento de una pérdida. En este tipo de terapias se ayuda a la persona a identificar, expresar y manejar sus emociones en relación al duelo. Además, la ayudan a identificar los mecanismos que tiene para lidiar con la situación y si estos no son tan sanos, por ejemplo, utilizar sustancias para lidiar con el dolor, ayudan a reemplazarlos por otros más funcionales.
También, la terapia de duelo puede ayudar a que la persona se ponga metas y se organice, para que de esta forma pueda volver a sus responsabilidades gradualmente. Por último, la terapia de duelo también ayuda a que la persona comprenda cómo es el proceso de una pérdida, y que normalice y acepte lo que está sintiendo.
Es probable que este tipo de terapias se enfoquen en ciertas tareas o etapas del duelo como trabajar en la aceptación, en la regulación de emociones, en adaptarse a un mundo distinto en el que el fallecido no está, entre otras estrategias.
Si bien el duelo se presenta de manera distinta en cada persona, algunos de los síntomas más comunes son:
Es importante considerar que estos síntomas son comunes y esperables, son parte del proceso para adaptarse a la pérdida.
Atravesar la pérdida de un ser querido puede ser un gran reto. Cuando hablamos de “superar” a veces eso lo relacionamos con olvidar, y con una pérdida no tenemos que hacer eso. Podemos vivir con la conciencia de la pérdida, y eso nos puede generar dolor de vez en cuando.
Es importante que recordemos que no está mal tener ese dolor, no tenemos que deshacernos de él, sino tenemos que aprender a relacionarnos con el dolor de una forma sana, e ir retomando nuestras vidas de a pocos, con mucha autocompasión.
Por eso, más que enfocarte en “superar” lo vivido, permítete enfocarte en cómo puedes “estar” con el dolor que la pérdida trajo consigo. Pregúntate, ¿cómo podrías estar con ese dolor sin que sea agobiante o intolerable? y ¿cómo podrías cuidar de ti en estos momentos?
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